21 octubre 2012

Predecir para ahorrar



En este post se planteaba cuál es la causa de que a los humanos nos moleste tanto –a veces lo reconocemos, otras no- el no “tener la razón”, hecho que deriva con mucha frecuencia en tensiones, discusiones y/o frustraciones que representan un alto coste energético, y que por otro lado no suelen llevar a ningún buen puerto (vamos a dejar de lado el hecho de que mediterráneos y latinos creen que los decibelios convencen más al otro que el peso de un buen argumento).
Pero no se trata tan sólo de no “tener la razón” ante un interlocutor, sino también ante la vida.
“¿Por qué esa manía crónica de ajustar o encajar contínuamente la realidad a lo percibido o creído de antemano? Quizá porque en nuestro fuero interno nos molesta bastante que la realidad subjetiva no acabe de coincidir con los esquemas que preconcebimos ni recordamos ya cuándo. El abismo que las separa nos produce vértigo”
Se apuntaba ahí al desajuste o abismo como metáfora de la diferencia que existe entre nuestras expectativas y la cruel realidad, y a la posibilidad de que sea precisamente esta especie de diferencia de potencial la que nos cuesta tanto manejar.
En el 2005, Álvaro Pascual-Leone, renombrado neurólogo español, declaraba en una entrevista hecha por Punset:

“lo que hace el cerebro es generar una expectativa (…) realiza una predicción sobre lo que debe esperar. Ahora, por ejemplo, me has formulado una pregunta esperando una respuesta (…) tienes ciertas expectativas sobre lo que diré y cómo lo diré, etcétera. Si surge algo distinto a lo esperado, se produce un conflicto entre tu lo que esperas y lo que obtienes. Creo que nuestro cerebro está codificado para generar expectativas y detectar lo inesperado. Así que, en último término, las ilusiones no son más que un momento de desequilibrio inesperado entre lo que esperamos que suceda y la realidad se nos presenta”

Pero sucede que el cerebro es muy listo, y sabe perfectamente que, por la cuenta que le trae, ha de espabilarse para ir saltando del modo más operativo (y rápidamente) los pequeños abismos cotidianos entre realidad y expectativa, entre predicción y hechos: no siempre predice bien.
Según los últimos descubrimientos del Max Planck Institute for Brain Research (Frankfurt) y el departamento de Psicología de la Universidad de Glasgow publicados el mes pasado en el Journal of Neuroscience, parece ser que la clave de ese intento desesperado de predecir -aunque con gran margen de error- no es otra que el ahorro de energía.

“Si nos encontramos frente al escritorio de nuestra oficina, que hemos visto cientos de veces, nuestro cerebro no necesita emplear mucho tiempo para procesar esta escena conocida. Lo que sucede, en realidad, es que nuestra corteza visual tiene ya formada una imagen mental de dicho espacio, que le sirve para predecir lo que veremos, antes incluso de que entremos en la habitación.  Sin embargo, si en un momento dado entráramos en la oficina y allí encontráramos algo totalmente inesperado, como a una persona desconocida sentada en nuestra propia silla, el cerebro tendría que hacer un gran esfuerzo para procesar una escena que no sería “tal y como se esperaba”.”

Dice Lars Muckli, uno de los investigadores que ha participado en el último estudio, “el cerebro espera ver cosas, y simplemente pretende confirmar sus expectativas.” Aquí está el extracto del artículo publicado (en inglés).

Como ven, parecería que en estos años transcurridos entre unas y otras investigaciones, no se haya adelantado mucho en el sentido de saber cómo evitar decepciones o frustraciones ante la grieta que aparece a veces entre nuestros deseos o previsiones y los hechos reales, a evitar sufrir ante la evidencia, pero quizá ya no quede mucho, si no para evitarlo, al menos para comprenderlo.
Mientras el humano no conozca la solución, el autoengaño y la negación freudiana parecen ser las alternativas más “al alcance” y que requieren menos energía de todas. El sabio refranero ya nos lo venía diciendo hace siglos: “No hay peor sordo que el que no quiere oir”.

Ni peor ciego que el que no quiere ver, podría añadir(1).

(1) En lo relativo a la visión y al qué enfocamos y porqué, ver el post “Enfocandola probabilidad”.