05 abril 2013

Narciso y Eco


El mito de Narciso y Eco es muy interesante, porque aparte de la posesión por parte de las ninfas, hay varios elementos psicológicos disimulados en cada detalle. Indagando sobre el motivo por el cual Narciso puede rechazar a Eco, vemos que Simonne de Beauvoir, en El Segundo Sexo, dice:
"Muchos hombres (...) en lugar de una revelación exacta, buscan en el fondo de dos ojos vivaces su imagen nimbada de admiración y de gratitud, divinizada. Si tan frecuentemente se ha comparado a la mujer con el agua, es porque, entre otras cosas, ella es el espejo donde se contempla el Narciso masculino (...) Pero lo que en todo caso le pide es que sea todo cuanto no puede él aprehender en sí mismo, porque la interioridad (...) para alcanzarse necesita proyectarse en un objeto. La mujer es para él la suprema recompensa, puesto que ella, bajo una forma extraña que puede él poseer en su carne, es su propia apoteosis. Es a ese «monstruo incomparable», a sí mismo, a quien estrecha entre sus brazos cuando abraza al ser que resume para él al Mundo (...). Al unirse entonces a ese otro a quien ha hecho suyo, espera alcanzarse a sí mismo. Tesoro, presa, juego y riesgo, musa, guía, juez, mediadora y espejo, la mujer es lo Otro en lo que el sujeto se supera sin limitarse y que se opone a él sin negarlo; ella es lo Otro que se deja anexionar sin cesar de ser lo Otro. De ahí que sea tan necesaria para la dicha del hombre y para su triunfo"
Según la historia oficial, Eco es un ser reducido al eco de los sonidos lo cual la hace parecer casi tartamuda (castigo en una versión de Hera y en otra versión de Pan, por distintas razones). Esta particularidad le impide expresarle su amor a Narciso de un modo suficientemente seductor, así que, aparentemente, el error de él al rechazarla es darle más peso al lenguaje verbal que al del corazón. Porque Eco es la Voz, una voz incorpórea, lo cual hace algo más comprensible el rechazo de Narciso (emparejarse con alguien sin cuerpo parece poco prometedor para una vida de pareja satisfactoria). Pero no hay que perder de vista que, según Graves, "todas las mujeres se enamoraban de él, pero él las rechazaba a todas, diciendo que el amor no le interesaba."
Lo realmente curioso es que, a causa de su defecto en el habla, lo único que puede hacer la pobre Eco en vez de declarar su amor a Narciso es devolverle a éste sus propias palabras ("¿Hay alguien aquí?" -dice Narciso al oir un ruido en el bosque- y Eco respondía "Aquíii... aquíii..."). Vemos, pues, que su función en el mito es, en realidad, enfrentar a Narciso a sus propias preguntas, verbalizárselas a su modo desde su condición de ninfa, devolvérselas ampliadas. De aquí se podría deducir que lo que le incomoda a Narciso, aunque él no lo sepa, no es la ninfa sino algo de él mismo. Ante tal dificultad de comunicación él opta -en vez de abrazar a ese Otro del que habla De Beauvoir- por ir a mirarse en otro espejo sin voz, el agua (ente femenino por excelencia) en la que morirá ahogado por sobresaturación de sí-mismo, bautizando así el narcicismo.


escriptorum54 dijo...

A mí me resulta triste la historia de Narciso. no lo puedo evitar.

Un abrazo
30/7/07 09:01

quantum dijo...

La belleza de la tragedia y la tragedia de la belleza.
Espléndido escrito. Feliz estoy con este reencuentro.
Un gran abrazo y seguido.
31/7/07 22:59

A. di Zacco dijo...

Gracias ambas y bienvenidas siempre.
31/7/07 23:34

Paco Traver dijo...

Los hombres lo que buscamos es el deseo del deseo, esa es la gracia
1/8/07 23:47

karina dijo...

Maravilla lo que he leído llegada hasta acá por el azar de mi curiosidad.

Un saludo!
2/7/09 22:34